Gonzalo Bilune

Efecto Dunning-Kruger: 45 millones de directores técnicos

2026-10-13•Liderazgo

El efecto Dunning-Kruger describe cómo quienes menos saben de algo tienden a sobreestimar lo que saben. Qué es, ejemplos en equipos de trabajo y qué tiene que ver con el síndrome del impostor.

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Cada vez que juega la Selección, en Argentina hay cuarenta y cinco millones de directores técnicos. Todos sabemos quién tenía que entrar, a quién había que sacar y por qué el cambio llegó tarde, con una seguridad que el técnico real, que lleva treinta años en esto, casi nunca muestra en una conferencia de prensa.


En 1999 los psicólogos Justin Kruger y David Dunning publicaron un estudio donde quienes peor rendían en pruebas de humor, lógica y gramática sobreestimaban muchísimo su propio desempeño. De ahí viene el efecto Dunning-Kruger: quien sabe poco de un tema tiende a sobreestimar lo que sabe, justamente porque le falta el conocimiento para darse cuenta de lo que no sabe.

El estudio tiene sus críticas, y hay investigadores que dicen que una parte del efecto es puro artefacto estadístico. Igual, en el laburo es bastante fácil reconocer la escena.


El que estima en dos días algo que el senior no se anima a estimar. El stakeholder que leyó un hilo en X y ya sabe cuál es la arquitectura correcta. El que acaba de aprender un framework y lo quiere usar para todo. El que mira un sistema de diez años desde afuera y dice "esto lo reescribo en un fin de semana".

Del otro lado está la gente que sabe mucho y duda. Que contesta "depende" porque de verdad depende, y que ve los casos borde y todo lo que puede salir mal. Esa gente a veces suena menos convincente que el que no duda, y si encima se siente un fraude, ya es territorio del síndrome del impostor.


La cosa se pone seria cuando la organización premia la seguridad. En una reunión, quien habla con certeza suena más convincente que quien dice "no estoy seguro, habría que probar". Y si las decisiones se toman según quién suena más seguro, dejamos afuera justo las objeciones que valía la pena escuchar.

Me interesa más que alguien pueda explicar qué sabe, qué está suponiendo y qué le falta comprobar. Preguntar "¿qué tan seguro estás?" y después ver si esa seguridad tenía sentido. Pedir las estimaciones con un rango en vez de un número. Y que decir "no sé" no cueste nada, porque en un equipo donde podemos fallar la duda se vuelve información.

Vale para uno también, eh. Cuando algo te parezca obvio y facilísimo, preguntate si de verdad es fácil o si todavía no lo entendés lo suficiente como para ver la parte difícil.


Los cuarenta y cinco millones de DTs no le hacemos daño a nadie, porque a ninguno nos toca armar la lista. El problema es cuando el que grita desde la tribuna es el que la arma.