Te ascienden. Te felicitan, cambiás el título en LinkedIn, te suman a reuniones a las que antes no ibas. Y en la primera de esas reuniones te sentás, escuchás a todos hablar con una seguridad que vos no tenés y pensás que en cualquier momento se van a dar cuenta de que no tenés idea de lo que estás haciendo.
¿Te acordás de cuando, de chico, te dejaban jugar el picado con los grandes? Era una mezcla de orgullo y terror en partes iguales. Te elegían último, te mandaban de defensor y cada vez que te llegaba la pelota sentías que todos estaban esperando que la pifies.
Pero estabas ahí porque alguien pensó que podías estar ahí.
Las primeras semanas la pasabas mal. Después empezabas a tocarla. Y un día te dabas cuenta de que los grandes también la pifiaban, solo que a ellos no les importaba tanto.
Esa sensación, de grande y con un ascenso de por medio, se llama síndrome del impostor: la idea persistente de que no merecés el lugar que ocupás, de que lo que lograste fue suerte o un error de alguien, y de que tarde o temprano te van a descubrir. Lo describieron las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes en 1978. No es un diagnóstico clínico, pero cualquiera que trabaje en tecnología lo reconoce en dos segundos.
Y le puede pasar a gente a la que le está yendo muy bien. Podés estar haciendo bien tu trabajo y aun así sentir que no merecés estar ahí.
Suele aparecer justo cuando estás creciendo. Pasaste de dev a tech lead, de lead a manager, de un equipo chico a uno grande. Saliste del confort y entraste en la zona de stretch, que es exactamente donde se aprende y también donde uno se siente más fraude. Así que no siempre es mala señal. A veces el impostor es el ruido que hace el crecimiento.
Se pone feo cuando empieza a decidir por vos. Cuando no pedís ayuda para que no se note que no sabés. Cuando trabajás el doble para compensar algo que nadie te está reclamando. Cuando no te postulás a algo porque "todavía no estás listo", y nunca vas a estar listo del todo. Cuando te callás en la reunión y a los diez minutos otro dice lo mismo que pensabas, con menos fundamento y más seguridad.
Lo que te frena es esconder que todavía estás aprendiendo.
Acá quien lidera tiene bastante para hacer. Si en un equipo quedás expuesto cada vez que te equivocás, todos terminan escondiendo las dudas: si cada error se expone, si nadie dice "no sé" en voz alta, si los seniors nunca muestran sus dudas, la gente nueva aprende que no saber es algo para esconder. Por eso me importa tanto que en un equipo podamos fallar.
Ayuda decirle a alguien por qué lo elegiste, con hechos concretos y no con un "sos un crack" genérico. Ayuda mostrar tus propias dudas. Y ayuda ponerle nombre y hablarlo, porque saber que a otros también les pasa le saca bastante peso.
No sé si se va del todo alguna vez. Se achica, eso sí, cada vez que alguien dice que no sabe y no pasa nada.
Si te dejaron jugar con los grandes, pedí la pelota.